ARTÍCULO: Publicado En El Diario Extra
AUTOR:ROGELIO MONTENEGRO HERRERA
PROFESIÓN: Abogado
FECHA: 22/01/15
LUGAR: Alajuela, Costa Rica.
ICONO: 
LA EUTANASIA
Las discusiones sobre este tema son complejas pues abundan las opiniones de los jueces, religión, sociedad, tecnología médica, el enfermo, familia, etc. En síntesis la vida y la muerte pertenecen a todos, esto por cuanto nos comprometimos a vivir en sociedad y si bien hay decisiones que solo atañen a la persona, hay otras que además de ello están impregnadas de contenido social de forma inevitable. El tema que abarcamos de manera superficial es uno de ellos. Ahora bien, cada país legisla en forma autónoma sobre este asunto, sea que no hay reglas universales para aplicar la eutanasia, inclusive cada caso, al igual que cada ser, es diferente, así las interacciones devienen de un panorama complicado y, al analizar este argumento ningún humano queda excluido. Eutanasia (del griego eu-thanasía, que significa ‘buena muerte’) es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado, siempre con su consentimiento, con la intención de evitar sufrimiento y dolor. La eutanasia está asociada con el final de la vida sin sufrimiento. (Según el artículo «eutanasia», en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española). La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica, en relación con la eutanasia activa lo siguiente: Las definiciones de la eutanasia no son exactas y pueden variar de una persona a otra, pero tienen varios elementos en común. La mayoría de los versados restringe su descripción a la eutanasia directa o 'activa', la cual puede dividirse en tres categorías: 1) La muerte intencional de aquellos que han expresado, de manera libre y con competencia plena, el deseo de ser ayudados a morir; 2) El suicidio asistido profesionalmente; y 3) La muerte deliberada de los recién nacidos con anomalías congénitas que pueden o no ser una amenaza para la vida de terceros. Para los conocedores de esta cuestión, no es eutanasia fundamentalmente: a) acelerar la muerte en personas que, si bien se hallan al borde del fin y con dolor incontrolable o complicaciones médicas no tratables, no solicitan la eutanasia; b) precipitar la muerte o dejar de tratar enfermos terminales por motivos económicos; c) precipitar la muerte en pacientes que no lo han solicitado, pero que pertenecen a agrupaciones con mayores posibilidades de fallecer, como serían pacientes con sida, cáncer, etc.; d) provocar la muerte en pacientes que padecen evidente inestabilidad emocional y en quienes sufren graves depresiones; e) suscitar la muerte cuando no hay consenso médico respecto a la gravedad del paciente; f) interrumpir el tratamiento o acelerar la muerte cuando no hay pruebas claras de que el paciente lo solicitó. A grandes rasgos, las situaciones que se presentan sobre este punto serían tres: 1) La primera es aquella en que el doctor restablece por completo la salud de una persona. 2) La segunda situación surge cuando se atiende a un enfermo con un padecimiento crónico. El médico no lo cura pero puede beneficiarlo, prolongar y mejorar sus condiciones de vida. 3) Por último, hay situaciones en que no se puede hacer nada medicamente para salvar la vida del paciente porque ya se ha intentado todo lo posible y no se ha tenido éxito. En este último escenario es donde corresponde considerar la eutanasia, no para considerarla como única opción, ya que hay enfermos que desean terminar su vida de manera diferente. Hay pacientes que desean terminar su vida con dignidad porque no quieren convertirse en una preocupación sin parangón para sus seres queridos, que provoque lástima y repugnancia, así su padecimiento puede adoptar miles facetas que humillan de manera intolerable, desde el horror de una cara deformada por un tumor hasta el derrumbamiento de un cuerpo que deja de sostenerse por sí solo. Agotadas las alternativas de curación llega el momento de iniciar las acciones para disminuir los síntomas del enfermo como podrían ser náuseas, astenia, depresión profunda, etc. El médico reconoce que no puede curar, que agotó todos los medios a su alcance; lo único que queda es proporcionarle los cuidados paliativos que necesita. Aquí es cuando el paciente le puede pedir al galeno ayuda para morir: “cuando ya no se puede más con la enfermedad”. El médico debe emplear todo su conocimiento hasta el último momento de vida del enfermo que implica el acompañamiento del paciente hasta el final. En mi criterio la eutanasia debe ser la última acción, tomando en cuenta todo lo dicho con antelación, para dar una muerte digna al paciente, teniendo siempre en cuenta su consentimiento o quien pueda otorgarlo. Este espinoso tema en muy poco tiempo será llevado a la palestra pública, porque como lo dije con antelación, compete a todo ciudadano responsable, aquí veremos que deciden los obtusos legisladores, pronunciándose sobre un trama profundo, que compete a toda la ciudadanía costarricense.
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